Get Adobe Flash player

15 Abril 2012, Lima Templo, Fabio Padilla

Hechos 4:32-5:11: 32 Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. 33 Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos, 34 pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas 35 y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad. 36 José, un levita natural de Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que significa: Consolador), 37 vendió un terreno que poseía, llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.
1-2 Un hombre llamado Ananías también vendió una propiedad y, en complicidad con su esposa Safira, se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles. 3 —Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? 4 ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios! 5 Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido. 6 Entonces se acercaron los más jóvenes, envolvieron el cuerpo, se lo llevaron y le dieron sepultura. 7 Unas tres horas más tarde entró la esposa, sin saber lo que había ocurrido. 8 —Dime —le preguntó Pedro—, ¿vendieron ustedes el terreno por tal precio? —Sí —dijo ella—, por tal precio. 9 —¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a *prueba al Espíritu del Señor? —le recriminó Pedro—. ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo acaban de regresar y ahora te llevarán a ti. 10 En ese mismo instante ella cayó muerta a los pies de Pedro. Entonces entraron los jóvenes y, al verla muerta, se la llevaron y le dieron sepultura al lado de su esposo. 11 Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos.
Así como la Biblia habla del diezmo, también habla de ofrendas.
Y hay una diferencia: con el diezmo obedeces si es que lo haces, pero en la ofrenda revelas más tu corazón (tacaño o no?).
Con el diezmo demuestras si obedeces o no, pero con la ofrenda muestras si eres generoso o mezquino.
La clave al dar es el motivo que está en tu corazón.

1. Ofrendas de alegría.
Hechos 4:32-37: 32 Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. 33 Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos, 34 pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas 35 y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad. 36 José, un levita natural de Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que significa: Consolador), 37 vendió un terreno que poseía, llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.
Bernabé es un ejemplo.
Son de alegría porque surge de un espíritu generoso. La palabra clave está en el versículo 32: COMPARTIAN.
Toda la iglesia era de un solo sentir. ¿Por qué? Porque sabían que todo es del Señor, ya que si el Señor te bendice es para dar.
Por otro lado, todos tenían una sola fe en Jesús. ¿Y cómo podremos tener una sola fe? Teniendo una sola fe en Jesús.

En cuanto a la matemática, la lógica de Dios es distinta a la del mundo. En Dios si damos, tenemos más. Dar es derecho a recibir.

2. Ofrendas de tristeza.
Hechos 5:1-11: 1-2 Un hombre llamado Ananías también vendió una propiedad y, en complicidad con su esposa Safira, se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles. 3 —Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? 4 ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios! 5 Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido. 6 Entonces se acercaron los más jóvenes, envolvieron el cuerpo, se lo llevaron y le dieron sepultura. 7 Unas tres horas más tarde entró la esposa, sin saber lo que había ocurrido. 8 —Dime —le preguntó Pedro—, ¿vendieron ustedes el terreno por tal precio? —Sí —dijo ella—, por tal precio. 9 —¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a *prueba al Espíritu del Señor? —le recriminó Pedro—. ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo acaban de regresar y ahora te llevarán a ti. 10 En ese mismo instante ella cayó muerta a los pies de Pedro. Entonces entraron los jóvenes y, al verla muerta, se la llevaron y le dieron sepultura al lado de su esposo. 11 Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos.
Ananías y Safira. El problema no fue que no dieron todo el dinero, sino que mintieron al respecto para quedar bien.
Entonces la ofrenda de tristeza viene cuando el motivo del corazón no es bendecir a otros sino mi beneficio propio, como el quedar bien ante los demás.

Ahora ¿Por qué murieron Ananías y Safira? Veamos el verso 11: 11 Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos.
Es porque con las cosas de Dios no se juega y Él tiene celo por su iglesia.
Así mismo, esta hipocresía de Ananías y Safira por querer quedar bien, fueron condenados (sepulcros blanqueados).

Es importante meditar en cómo estamos viviendo nuestra vida, ya que uno puede tener estas fallas no solo en lo financiero sino en otros aspectos.

Y por último, es claro que uno no puede servir a dos señores.
Mateo 6:24: Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.
No puedes servir a Dios y a las riquezas.

Muchas veces claudicamos con el tema del dinero.
Un ejemplo bueno es la vida de Job.

No dejemos que el engaño, la hipocresía y la avaricia engañen nuestro corazón. Seamos de una sola pieza.

 

Apuntes realizados por Pamela Salazar